El sufrimiento

Aquello a lo que  das importancia, te gobierna.

Cuando  comprendes algo, automáticamente adquieres control sobre ello y entonces no te controla, sino que lo controlas tú. Cuando adqui­rimos una gran medida de auto-integración, gra­dualmente producimos una fuerza que nos hace capaces de controlar, y esa es la única manera de ir más allá de los sufrimientos que padecemos.

No puedes escapar de las emociones, pero puedes ir más allá de ellas.

El hombre no está hecho para sufrir, el hombre es un producto de la alegría y aun así entra en el mundo llorando. Venimos de la alegría y vamos a la alegría; el hombre está hecho de luz. A pesar de que el cristal de la lámpara esté a veces sucio, la verdadera luz debe brillar a su través. Por lo tanto, hay mucha esperanza, mucho amor y no hay realmente problemas o sufrimiento. Pensamos que sufrimos, nos engañamos a noso­tros mismos pensando que sufrimos y esto es un producto del pensamiento. Cuando a través de la meditación transcendáis el nivel del pensamien­to, sabréis que no hay sufrimiento, que todo es alegría.

La persona crea en ella misma ideas conflictivas y es este conflicto el que crea la enfermedad. De hecho conflicto es una enfermedad en si misma.

¿Para qué sirve analizar la oscuridad? Esto no resuelve el problema. Analizando la oscuridad sólo encontramos oscuridad. El elemento que falta es la luz del supraconsciente. Toma la vía directa al supraconsciente: el ser humano tiene esa posibilidad.

Todo sufrimiento puede ser visto como una ofrenda.

El objeto, el propósito de la vida es encontrar el Yo real que reside en tu interior. Cuando se encuentra, la misión en la vida se completa, pero esto no significa que tus problemas se vayan a acabar. Habrá problemas mientras vivamos en el mundo relativo gobernado por los diversos gunas, habrá subidas y bajadas. No puedes tener un mar siempre inmóvil. Algunos días el mar estará en calma, otros días las olas serán grandes, pero por encima de todo ello tu estás basado en el silencio y no en la turbulencia.

Antes, preocupados por valores superficiales, solo nos dábamos cuenta de la turbulencia. En la turbulencia las olas nos empujan de acá para allá, de un sitio a otro. Pero al darnos cuenta de la calma que hay en la profundidad, nos anclamos e el silencio; entonces disfrutamos de la turbulencia. Es bella. Mientras exista este universo, existirá la turbulencia.

Tu problema es que la mente está centrada en el sufrimiento en vez de estar centrada en la alegría. Tu actitud debería ser:” si tengo que pagar (karma de acciones pasadas) pues bien, ¿y qué?.

Cuando atravesamos sufrimientos y turbulencias, estamos únicamente experimentando cambios en las formas. Ahora bien, esto es lo que tratamos de evitar con nuestras prácticas de meditación. Estableceros en el interior del Yo del espíritu mientras veis los nombres y las formas cambiar continuamente. Entonces no os afectarán porque os habréis elevado por encima de ellos, entonces seréis los perfectos observadores y el pequeño yo podrá decir:” Yo soy el Hacedor, el Hacedor es el espíritu. Es esa energía, esa fuerza, es la Divinidad la que lo manipula todo, yo soy sólo el instrumento”.

La insatisfacción es una necesidad en el proceso de la vida. El individuo, cuando está satisfecho, deja de progresar. La insatisfacción es un proceso para estimular al individuo hacia un mayor crecimiento.

El ser humano es el mayor imán que existe en el mundo: atrae lo que merece. Una persona diría:¿por qué me ha pasado esto a mí?¿Por qué se me han pinchado las cuatro ruedas hoy?. Vale, pero ¿cuándo revisaste es las ruedas por última vez? Por favor, recordad que nosotros y nadie más que nosotros somos los responsables de todo lo que nos acontece. Cuando tenemos problemas, siempre le echamos la culpa a alguien: a nuestros maridos, a nuestras esposas, a  los niños, a nuestros jefes, a nuestros amigos, al Guru, y si no podemos encontrar a alguien le echamos la culpa a Dios. Pero el hombre no se da cuenta de que es él mismo el que atrae hacia sí toda fortuna o infortunio.

Casi todos los problemas son por cosas peque­ñas. Observarlos. No permitid que os bloqueen.

Incluso para comer pan os hace falta ayuda externa: un cuchillo para cortarlo en rebanadas. Todo requiere de una fuerza externa. Aun así, en algún momento, tendréis que daros cuenta de que la fuerza externa y la fuerza interna son la misma. Cuando llega esa consciencia desaparece toda fricción, porque la causa de todos los problemas es la dualidad.

Cuando pienses que estas atravesando un momento placentero, ten la certeza de que vas a tener algún momento doloroso también.

Debemos ir más allá de los niveles conscientes y subconscientes de la mente, en los que están contenidas todas las combinaciones kármicas de las impresiones que hacen que una persona se sienta infeliz o superficialmente alegre.

Los sufrimientos padecidos por las personas pueden vencerse. Cuando se pone en movi­miento una tendencia, ésta tiene que alcanzar su culminación. Pero si tenemos la actitud de aceptación, reforzada por las capas más sutiles de la mente supraconsciente, entonces nada duele y  todo se acepta. Incluso si duele, cono­cernos el valor del dolor porque también éste es pasajero… “Esto no es la totalidad de mi pequeña existencia”. Es cuestión de dar impor­tancia las cosas adecuadas.

Todos los sufrimientos son prestados, no son tuyos. Los tomas prestados de las circunstancias que te rodean, porque el dolor y el sufrimiento no son tu verdadera naturaleza: tú no eres tú mismo. Esa es la falsedad de la vida. No te valo­ras en tu justa medida. ¿Y por qué no?: porque  no te conoces a ti mismo.

No confundáis los rayos del sol con los de la luna. Los rayos de luna son blandos y los del sol son duros. No rechacéis ninguno. El aspecto lunar no es otra cosa que un reflejo de la emanación del sol. La luna y el sol se com­binan en la vida diaria sin causar eclipses. Todo esto sólo significa una cosa: la clave es la armonía.

Pronunciando palabras agresivas podemos hacer mucho daño a toda la vida de una perso­na. Si herimos a alguien con un palo, esa herida curará en unas semanas o en un mes, pero si dejamos una cicatriz en la mente de una perso­na, su cicatriz puede permanecer durante toda la vida.

La mente es la que inventa los diablos y los dio­ses. Todo universo no es otra cosa que mente y los problemas de la vida son creados por la mente. Cultivando la mente a través de las prácticas de meditación, aprendemos a vencerla y a ir más allá de ella. Allí se encuentra la verdad.

Nunca encontraremos en la Tierra a una persona feliz que tenga pensamientos negativos o malos. Son dos cosas incompatibles.

La fuerza Divina, el Reino de los Cielos, está en nuestro interior: esa es la única fuerza que nos puede liberar de todos los males.

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